He aquí el resultado de un escáner cerebral donde se indica la localización exacta de dos ideas fundamentales en la historia de occidente: el Amor de Dios, y la Ira de Dios. Extraído vilmente del blog Lo Que importa es el Riesgo.
Sicilia, 1923... un día el Padre A, profesor de hermenéutica bíblica, historia de israel, y no sé qué más cosas que me enseñaba, pero que era aún más raras que las que ahora enseño yo... El padre A -digo- dibujó en la pizarra una especie de masa encefálica de tiza, y redondeó apasionada y febrilmente (hasta casi hacer un surco al tablero) la ubicación neuronal de la conexión angélica.
Ahora recuerdo aquello con afecto, pero si en ese momento me pinchan no sangro. Con el tiempo, sin embargo, me he ido haciendo a estas cosas y en la actualidad uno de mis deportes favoritos es demostrar que los científicos están más obsesionados con Dios que los teólogos. Lo mejor de toda esa obsesión de psicólogos, neurólogos, y algunos antropólogos cognitivos es que están convencidos de que lo religioso está relacionado con alguna función especialmente primitiva, precultural en algunos casos, como alguna forma de estupidez irracional escrita en las circunvalaciones del cerebro de reptil y cosas así (Atran, Barret, Boyer...). Ahí andan. No paran de citar a Tylor y a Frazer para sostener, escáner mediante, el tipo de cosas por las que se expulsó a Levy-Bruhl de los libros de historia de la disciplina (cosas como lo de la mentalidad mítica). Y digo yo, si la religión fuera algo cerebralmente tan primitivo ¿no la hubieran desarrollado los primates superiores hace tiempo ya? ¿No sería la fe, y no el lenguaje, lo que surgiría más tempranamente? Hala, chúpate esa chupeta.
