¿Quién no sabe a estas alturas qué es Juego de Tronos? ¿Esos libros con dibujarracos en las portadas que se venden por palés en el Corte Inglés? Esos. ¿Esta serie medieval... la del enano ese? (definición de mi padre) Esa, esa, sí. En realidad, como sabreis, el título "Juego de Tronos" que lleva la serie es el del primero de los libros de la cacho saga de Canción de Fuego y Hielo, de George Martin, un escritor talentoso, con un gusto gastronómico excelente (sólo por los guisos que describe en los libros ya merece la pena la lectura), y con una capacidad para las tramas políticas que ya quisiera Maquiavelo.
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jueves, 13 de septiembre de 2012
6
Una antropología de la religión para Juego de Tronos
miércoles, 21 de marzo de 2012
11
Bloggers de la bloguería: experimentación reflexiva y otra producción científica
De repente un día, resulta que te das cuenta de que tienes un blog científico. ¿Científico? Ya te digo... Y es que como dice Adolfo Estalella...
Los blogs académicos y científicos (lo que quiera que una denominación tal signifique) constituyen una figura que señala la llegada de otros tiempos para la ciencia, el epítome de algunos cambios singulares que las tecnologías digitales introducen en la ciencia y en la academia (en Medialab Prado)
O como dice Fernando Broncano (a partir de ahora mi ideólogo de la escritura bloguera preferido, El laberinto de la identidad), estos blogs son las entretelas y tramoyas del espectáculo de lo académico (frasaca, frasaca), de modo que por raro que resulte... de repente un día, me llama el Estalella y caigo en la cuenta de que llevo tres años haciendo un blog de antropología de la religión y que Antropoturmix ha pasado a formar parte de la extensa marea de productos científicos heterodoxos que han nacido gracias a la cosa digital.
Gracias a la convocatoria de Medialab Prado, he tenido la oportunidad de hacer una reflexión más o menos ordenada (y a ratos sorprendente) acerca del tipo de aportación que es un blog como éste. He pensado en serio sobre el humor, sobre la autoría, sobre libertad de expresión en la academia, sobre identidades escindidas de persona y personajes, sobre la linea editorial de antropoturmix, sobre reputación digital, sobre crisis de visibilidad, sobre lo efímero de los posts tomados de uno en uno y sobre lo perenne de la colección que todos los posts forman... sobre quienes leeis esto, sobre quienes no lo hacen... He pensado que, después de todo, es posible que sí, que este sea un nuevo producto científico en el que se documenta un proceso intelectual de maduración y sistematización progresiva, en movimiento, que además permite una flexibilidad y creatividad que la academia por lo general desecha y que nunca se llega a ver en los aseados resultados finales.
Y como todos los que leeis esto también formais parte de ello, aquí os dejo el video que grabaron en Medialab sobre este asunto. Gracias a tós, chatos. Gracias también a Estalella por invitarme, a los compañeros de mesa Frederic, Fernando, Jara, Elena y a Beatriz, que ya echamos un buen rato, y a Juanjo por los videos!!! Ahí va eso.
miércoles, 25 de enero de 2012
8
Mitología robótica: antes que la inteligencia fue el trabajo
Después de tanto rito de transición de la vida, el universo y todo lo demás (¡viva Douglas Adams!) volvemos a los deleites de la vida ordinaria, sin communitas ni nada, volvemos al trabajo. ¿Sabías ya que "trabajo" y sus variaciones léxicas están en el origen etimológico de la palabra "robot"? Como dice Asimov, exitoso inventor de la "robótica" como término, el uso de esta palabra es una extravagancia de los aurorianos (descendientes de los terrícolas) para referirse a los autómatas, esto es, a aquellas máquinas o sistemas (virtuales, por ejemplo) que como los humanos y tal vez los objetos sagrados, dan la impresión de moverse por sí mismos con un propósito propio. En la primera Revolución Cognitiva, en los sesenta, esta idea de acción autónoma conforme a un fin fue definida como "inteligencia". En la actualidad, los chismes inteligentes (los i-tal, i-cual) han añadido a lo anterior la idea de que una conducta inteligente es aquella causada en interacción con el entorno, o sea, como reacción a estímulos externos no planificados. Estas ideas aparentemente grises en teorías de la mente y en parte también en lingüística, han sido el motor de una transformación histórica como hay pocas, y uno de sus resultados obvios es la robótica. Sin embargo, entre todos los términos posibles para los autómatas, el término "robot" no está principalmente relacionado con la inteligencia, sino con el trabajo, y concretamente con el trabajo obligatorio, con la "servidumbre".
Dice la leyenda (y algunos artículos muy serios), que el inventor de la palabra, Karel Capek, quiso referirse a unos trabajadores artificiales androides como "labori", pero el término era cutre de cojones para una obra de ciencia ficción, incluso a principios del XX. Así que, le dio una voz a su hermano, que estaba pintando un cuadro, con los pinceles en la boca frente al lienzo, y le dijo (imaginen, si pueden, esta conversación en checo):
- oyeeee!! que mira, que se me ha ocurrido esto!!
- shí, shí, hala, puess dhale, ponte co' ellllo!!- dice el tío brocha en dientes
- oyeee!! pero que no sé cómo llamar a los trabajadores artificiales!!
- ooooño, puesh llamalosh trabararore!!-
Y en virtud del poder de la brocha, la palabra "roboti" quedó reducida a "robot" para convertirse en la palabra checa más conocida de ésta y otras galaxias.
En la obra que empezó a escribir después del episodio de la brocha, (Robots Universales Rossum, una rareza teatral para frikis frikísimos) los robots eran como los cylons de Battlestar Galactica o los replicantes de Blade Runner, un tipo de androide que representa el progreso y sus aberraciones tal y como se venían imaginando a finales del XIX, al estilo Frankenstein pero guapos y sin sentimientos. Eran tiparracos artificiales aunque orgánicos, de aspecto difícilmente distinguible de los humanos, que eran obedientes y felices currelas, explotados hasta el límite aparentemente infinito de sus fuerzas por los humanos, hasta que un día a las turmix se les cruzan los cables, propiamente dichos, y lían la de Dios es Cristo. Todo esto en la Praga de 1921... pero son muchas (muchas) las obras de ciencia ficción, y esto no es muy conocido (aunque creo que lo he comentado aquí alguna vez) que tienen tramas políticas más que cualquier otra cosa.
El caso es que por estas razones, el término robot no es sólo un símbolo de la inteligencia artificial y sus cosas, que también. El término robot alude a un tipo de tema y de problema tanto existencial como político, que lo convierte en una metáfora perfecta de la tristeza que acompaña a los perfectos obedientes, y de la posibilidad de rebelión que palpita incluso en las máquinas cuando éstas alcanzan la posibilidad de comprender el mundo y participar en las relaciones sociales tal y como tristemente son. Son metafora de la alienación y del abuso en aquellas situaciones en las que uno no puede o no sabe cómo detener lo que está pasando... hasta que da con ello y revienta todo...
Este post está dedicado a Vladimir Pudding (bienvenido), a Rimpoché Power Ranger (por los T800 rebeldes) y a Darío (porque no podía evitar acordarme de tu investigación): por el frikismo como derecho y como política.
(Robado del facebook de Santi Pinilla, que no sé quién eres, pero eres un artista, hombre)
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miércoles, 12 de octubre de 2011
8
"Visibilizar mi situación"
La marcha de Susan me ha dejado sin ánimos, pero el caso es que no hemos parado de trabajar. Hemos estado en congresos, en ferias, en asambleas, en cientos de reuniones, de reunioncitas, de fragmentos de juntarse y decidir esto, y preparar lo otro... Y por supuesto, hacer trabajo de campo e intentar escribir... Y vuelta a clase, y tutorías, y dale al power point, y ya que estás... pues mira, que no te vale para nada porque ahora lo tienes que hacer en inglés... ¡halaaa! ¿qué te pides Susto o Muerte?
De todo este torbellino de currelo invisible me gustaría compartir la noticia de algunas cosas, por eso he llamado a este post "visibilizar mi situación", en homenaje al insigne Dr. Pritchard, adalid de las trayectorias profesionales asertivas, y héroe de la ANECA para más inri... Así pues, os cuento que...
El grupo ARESIMA (Antropología de la Religión y la Espiritualidad, Instituto Madrileño de Antrpología) empieza su segundo curso con alegría y empezamos los trabajos para un blog propio que en breve añadiré a mi blogroll de parroquias, con sus anuncios y sus recursos. Informaré de las actividades en marcha así las vayamos diseñando.
El XII congreso FAAEE (Memorias, Tiempos, Caspa, Lugares) nos ha dejado un poco helados a algunos al llegar a comprender hasta qué punto las generaciones de antropólogos de nuestro país pueden encontrarse de facto en dimensiones distintas de lo real. Es el primer congreso de los que voy donde la presencia de alumnos es rotundamente ninguna, y eso me da una idea del abismo ontológico que hay entre estas generaciones. Por lo que desde mi posición se aprecia, creo que del romántico folclor de los Penenes al descarnado show de la Aneca algunos (muchos) nos encontramos entre dos mundos que cohabitan con lógicas distintas y que se yerguen, los dos por igual, sobre nuestras horas de insomnio, nuestra nula vida social, nuestras contracturas, nuestras facturas del fisio, y todas las demás renuncias que esto implica. Dicho lo cual, si lees esto y sufriste el mismo estupor congresual durante 4 días seguidos, que sepas que no estás sol@, nos estamos organizando... (Ah, también hubo quien no sufrió nada de nada, claro, pero a estos directamente paso de dirigirme).
De hecho, no quería pasar por aquí sin hacer mención de la Conferencia de cierre del congreso, que era digna del Galaxy Herald, el Martian Tribune, o el mismísimo Más Allá, prensa seria y verdadera. ¿A qué diría usted que podría dedicarse una conferencia de cierre con el título Mitos del pasado, sueños del mañana: los combates de la Antropología en el futuro? Pues a "los estragos del progreso", a "el escalofriante relato de La Rusa de Chernobil", a la New Age como narrativa decadente, a la ufología, a los paisajes "vacíos" del campo (mucho mejor era cuando hordas de mano barata explotada la adornaban con su dolor de riñones para deleite de las élites viajeras, ghrrrfxgrr...). En fin... he de confesar que me lo pasé estupendamente escuchando a Luis Díaz de Viana calibrando la postmodernez de los extraterrestres y cosas así, porque me recordaba mis propias paridas sobre Exo-Antropología, y salí de allí vociferando que había que musealizar los UFOs... (y como la gente me miraba raro, yo explicaba alegremente que Roswell -Nuevo México, claro- está patrimonializado y cosas todavía peores, jejeje...).
El caso es que, frikadas aparte, "los combates de la Antropología en el futuro" no son estos. No son estos. Son la profesionalización, la consolidación de los estudios de Antropología, la coordinación de universidades y asociaciones profesionales, fortalecer nuestra visibilidad en la esfera pública, defender los derechos de nuestros licenciados y graduados ante las plazas de la administración públicas (en las que una vez más son ninguneados por los sociólogos), la indexación de más revistas disciplinares, el apoyo a la investigación, en fin... Yo me presto voluntaria para la expedición galáctica rollito Avatar, pero a ver...
Como os podeis imaginar, de esto me fui de cabeza a la Foro anual de Ciencias Ocultas y Espirituales de Principe Pio, donde me compré dieciocho amuletos para llevarme al curro y poner el despacho como una tienda de magia chunga... Aunque no contenta con esto, luego marché, libreta en ristre, a una conferencia budista donde uno podía escuchar que la felicidad no la da el trabajo y cosas de estas... Y todavía estoy haciendo el diario de esa sesión, mientras hago power point para la ponencia de este viernes en el IX Congreso de la SECR (Sociedad Española de Ciencias de las Religiones) y saco adelante un artículo sobre individualismo religioso, y otro de metodología, y a ver cuándo (¡cuándo!) tengo un rato para traducirlos porque en español no valen nada, y en inglés sí...
Vaya tela...
martes, 30 de agosto de 2011
4
Emociones (y creencias) del antropólogo de la religión
MICRO-ESCENA:
Metro Plaza de España. Grupos de jóvenes católicos se arremolinan en el andén. Al bajar cuento cinco grupos entre los dos andenes. Algunos llevan banderas, de diferentes países y también españolas. Luego llegan más (creo que llegan a nueve cuando entro en el vagón). Los grupos varían entre 7 y aproximadamente 15 miembros, chicos y chicas. Por sus vestimentas se identifica a algunos sacerdotes (con clergyman), religiosas y religiosos (con hábito). Hay un pequeño grupo de 3 voluntarios de verde aparte del resto. Todos visten camisetas con las letras o iconos de la Jornada Mundial de la Juventud. Diferentes colores, mayoría de amarillo-rojo. Los que tengo más cerca parecen cansados. Caminan despacio. Algunos se apoyan en la pared, se sonríen al hablarse. Sus gestos me parecen lentos. Algunos llevan el crucifijo que forma parte del kit del peregrino. Me parece grande, me resulta incómodo. De repente pienso que se parece a los que llevaba Madonna en algún video que no recuerdo. Me pregunto si me parece más bien ridículo que incómodo. No, lo segundo. ¿Por qué? No estoy segura. No he visto nunca a tanta gente con crucifijos así de grandes a la vista. Recuerdo a mis compañeros de Teología en la Universidad. Llevaban unos humildes crucifijos de madera colgados de un cordón blanco de algodón. Aquellos me parecían bonitos. Aquellos no me resultaban incómodos, me gustaban. Miro a ver si los que están más lejos llevan el crucifijo. Algunos sí. Hay un grupo en el que todos lo llevan. Hay algo que me ralla de los crucifijos. Contemplo la escena global. Los dos andenes del metro llenos de gente con crucifijos... De repente me fijo en un par de chicas con pañuelo en la cabeza al estilo marroquí. Hablan y sonríen entre ellas. ¿Por qué yo no estoy cómoda? ¿Me gustaría que no llevaran ningún símbolo religioso? Creo que me da igual, pero no estoy segura. Creo que me irrita la profusión, la exhibición simbólica masiva, aunque esto no me ha pasado en otros países, países en los que el simbolismo religioso habitual es profuso también pero otro. ¿Me gustaría llevar algún símbolo de mi fe? Sorprendentemente sí, en esta situación sí. Aunque sería claramente una iniciativa de contestación simbólica por mi parte. No lo haría en otra situación. Sea lo que sea, esta emoción forma parte de mi impresión sobre los acontecimientos. ¿Tengo que depurarlo?
EL PROBLEMA :
Por defecto, mi siguiente emoción es moral, de moral científica: sí, tengo que depurarlo, no puedo analizar esto a partir de mi irritación. Después me pregunto por qué, por qué razones metodológicas. La mayor parte de las reivindicaciones de la emoción desde la Antropología (aunque pienso especialmente en Rosaldo) invitan a la exposición de las emociones situacionales de uno mismo y de los demás como material etnográfico que debe formar parte de los análisis. Estoy de acuerdo, aunque de repente, en esta situación, me parece un poco simple, sospechosamente buenrollero chachi... Recuerdo una etnografía (de no recuerdo quién) entre supremacistas blancos dedicados, entre otras cosas, al apalizamiento de mendigos. El antropólogo confesaba aborrecer las situaciones y conversaciones en las que se veía implicado. Los informantes individualmente le caían mejor y peor, claro, pero como colectivo le causaban un rechazo inequívoco. Aunque ¿quién iba a afearle el sentimiento? Esto es distinto. ¿Lo es?
ARGUMENTOS:
No es nada del otro mundo que un etnógrafo sienta alguna clase de rechazo, puntual o general, por las prácticas de un grupo. Al contrario. Los testimonios de antropólogas que han vivido en contextos de fuerte machismo con rechazos cruzados son numerosos. Los ateos estudiando religión con fascinación compasiva son mayoría. Los protestantes estudiando católicos también. Sin embargo, las críticas al colonialismo implícito en la práctica antropológica hegemónica han llegado a hacer muy sonora la reivindicación de la empatía tout court. ¿Y si la empatía no se puede dar? ¿Es que sólo analizamos a los que nos caen bien? Supongo que cierta parte de los antropólogos de la emoción parten de la premisa moral de que todos nos deben caer bien, que amamos al ser humano... Y como norma me parece IMPERATIVA, definitivamente imperativa, pero como premisa ontológica es una falsedad flagrante, una gilipollez irrisoria, una ingenuidad culpable que sólo defendería un cínico, o en el mejor de los casos un tonto. Así pues, el rechazo emocional no es precisamente nuevo como problema y sabemos que las soluciones son exclusivamente situacionales, casuística que, como la propia emoción, depende de cada investigador y de su capacidad para manejar los sesgos. Y lo que es más importante, el rechazo emocional no es alegremente evitable, y su ausencia en una descripción sólo es eso, ausencia en la descripción, o quizá, en el peor de los casos, una evitación consciente o no, de aquellas situaciones o personas que no nos apetece tratar durante el trabajo de campo. Y eso sí que me parece definitivamente un error.
UNA ANALOGÍA (COGNITIVA) DEL PROBLEMA:
Sin duda, una versión más habitual de este asunto es el (supuesto) conflicto relacionado con las creencias del antropólogo de la religión. Leía hace unos días las recomendaciones de Fiona Bowie (conocida aquí por su famoso centro para investigar la vida más allá de la muerte) sobre la necesidad de enfrentarnos a los objetos y sujetos de estudio en plan open-minded, esto es, concretamente, sin dar por sentado que las entidades sobrenaturales, o el más allá, o cualquier otra cosa de difícil contrastación es de entrada irreal. Ciertamente, los antropólogos creyentes (en lo que sea) y los muchos que durante su trabajo de campo se han convertido han sido deslegitimados de palabra, obra y omisión. Y la actual Antropología de la Religión empieza a abundar de reivindicaciones a la contra, pero no desde las posiciones eclesiales de siempre, sino desde la Wicca, la New Age, el Budismo... Y entre estos precisamente es donde se puede encontrar hoy un paralelismo entre las reivindicaciones de empatía tout court y las militancias espirituales.
Mientras que las creencias de los "creyentes tradicionales" (Evans-Pritchard, Turner, etc.) han sido interpretadas como militancias de estilo denominacional, basadas en la fidelidad a una (y sólo una) institución y doctrina, las creencias de los antropólogos neopaganos, nueva-era, budistas, etc. son mucho más sincréticas, porosas, desinstitucionalizadas, individuales e individualistas, y es más en este caldo en el que tiene sentido reclamar una creencia tout court, por seguir con la expresión. O sea, un creer en general, un estar abierto a las experiencias espirituales vengan de donde vengan, un buenrollismo de la fe que descarta el rechazo de lo sobrenatural, que invita a su aceptación curiosa.
En la medida en que la reivindicación de la creencia a todo tren guarda un paralelismo con la de la empatía tutti-frutti, creo que mi opinión converge. Decía uno de mis profes de teología que la Fe es una Gracia, un Don, algo que se te da, algo que no buscas ni consigues, sino que te es dado. Y el puñado de ateos deprimidos contestábamos: "o no". O no se te da. ¿Y si no se te da? ¿Es que sólo vamos a investigar aquello en lo que creemos? Lo que no vale para un extremo, tampoco para el contrario. Pero lo más importante, como en el caso de la empatía, me parece esto otro: ¿Acaso "no creer" en lo que sea no es también una disposición cognitiva del mismo tipo que la propia creencia? Lo es, lo es. Ni los ateos están mejor preparados para entender la brujería zande que el católico E-P, ni los brujos azande ni E-P están mejor preparados que un ateo para entender el budismo alemán, ni nada que se le parezca, así que no es posible investigar sin creencias en ese sentido. Y aunque conozco gente que cree de todo y todo a la vez (y que además tienen la mala costumbre de empatizar con todo el mundo), no es tan fácilmente evitable una disonancia ideológica, puntual o general, con las creencias de otro.
Una vez perpetrada semejante chapa, sé que alguien volverá a preguntarse en qué creo yo. Honradamente, no lo sé. Una vez intenté hablar de ello con humor y sinceridad aquí... CREER.

