Antropoturmix es una batidora multifunción mutante que viaja por la galaxia en misión parroquial, explorando ritos y creencias de otros mutantes
gracias por el pescado

Creer

Leo con fruición los horóscopos de 2010. Es una labor que entretiene mucho en estas fechas, mientras piensas la de dietas que vas a hacer, la de libros que vas a escribir, la de idiomas que vas a estudiar, etc. Este año contamos con un simpático tránsito de Júpiter por Piscis. Esto significa que habrá suertecilla para los peces y también para los cangrejos y escorpiones (trígono a su sol) así como para los tauros y los capricornios (sextil a su sol). Durante el verano, sin embargo, Júpiter estará en Aries, dando suerte a Aries, y de paso a los signos con los que hace trígonos y sextiles en esa posición (géminis, leo, sagitario y acuario). El resto ni fu ni fa. Como yo tengo en Piscis al Júpiter natal, espero que el 2010 sea un año estupendo... y especialmente en mis Casas 10 y 11, que que son la de los asuntos profesionales y la de los discípulos y amigos. Estoy encantada. Urano en Acuario también está ya en mi Casa 10, dándome unos sustos considerables, mientras que Neptuno, el planeta de los sueños y el no enterarse de nada, permanecerá en Piscis, evitando que mi imaginación entre en contacto con la realidad as usual.

Ahora es cuando alguien pregunta... ¿pero tú crees en eso?

Si yo fuera Pascal Boyer, Scott Atran o alguno de esa panda, diría de mi misma que tengo el dominio de la creencia bastante jodidillo. La modulación de mi cerebro en cuestiones de atribución intencional contraintuitiva no va. Así que digamos que no creo. En realidad, tal y como me encuentro a mi misma en mi propio cogito cartesiano me parece que soy un caso patológico de no creencia. Hasta el punto de que no soy capaz de encontrar argumento alguno para demostrarme a mi misma que estoy sentada delante de un teclado. Podría ser que estuviera enchufada a un aparato conecta-cerebros como en Matrix. Pero sin patadas flipantes. Podría ser que estuviera soñando, o aún más... podría ser que mi propia conciencia fuera el sueño de otro (pongamos de Dios, de Brahma si prefieres...), otro de cuya existencia sólo puedo, al mismo tiempo, dudar y no creer. Es incómodo, no creais.

Cabe una posibilidad de que, en efecto, mi avería neuronal sea congénita, claro. Pero la verdadera pregunta atañe a la naturaleza de la creencia, a la cultura de la creencia, y al objeto de la creencia. ¿Que si creo dices? Verás...

  1. Según Boyer (por poner un ejemplo que estoy leyendo esta semana), la naturaleza de la creencia se asienta en la ontología intuitiva (no reflexiva) que es un resultado evolutivo del cerebro humano. Algo que me recuerda mucho a Kant pero en plan evolucionista. Siendo así, todos podemos funcionar con hipótesis sobre lo real con independencia de si en un momento reflexivo somos capaces de fundamentarlas o no. Suponemos que existen los objetos que tocamos ¿no? Pues eso. Aunque Boyer no parece estar de acuerdo con esto, el problema a explicar me parece entonces la increencia, el escepticismo. ¿Que si creo? ¿Y tú?


  2. Si los momentos reflexivos saturan tu vida diaria dejando poco espacio a la intuición y mucho a la racionalización laberíntica y cansina... tu terapeuta te habrá advertido de que estás fatal, naturalmente, pero tu profesor de Antropología sabrá que tu problema no es psicológico sino cultural, porque no podría ser de otro modo (aunque te recomiendo que vayas a terapia igual). No es que creas o no creas, es que no estás sintonizado con la ontología intuitiva de nuestra cultura. La cultura de la creencia es la que define las áreas en las que la ontología intuitiva opera o no. Según Boyer, aquellas areas donde la ontología intuitiva... digamos que sobreactúa, son las que caen fuera de la lógica intuitiva (ojo al salto de ontología a lógica). O sea, en el inmenso océano de lo contraintuitivo, de lo chocante, del misterio. En nuestra cultura sería el dominio de Iker Jimenez y Rouco Varela, y con esto resumimos. Y el efecto de la sobreactuación de la ontología intuitiva está en atribuir propiedades propias de la realidad mecánica o humana (intencional) allí donde en principio parecen quedar en suspenso. La creencia es esto. Algo como el gnosticismo. Una pasada de suponer a lo bruto. Luke Skywalker caminando sobre la nada y en este plan.


  3. Así pues, en la ontología intuitiva de nuestra cultura creer es propio de los poltergeist, los jedi, los sacramentos  y los milagros, pero no propio de la práctica médica, por ejemplo, donde las explicaciones causales naturalistas estarían en sintonía con las propias de la ontología intuitiva estándar y según Boyer estarían en sintonía también con la ontología fetén, o sea que el naturalismo en definitiva sería el punto de convergencia de la ontología cognitivamente innata y con la aprendida, siendo así que al final tenía razón Tylor y la creencia es una filosofía de mala factura. Con independencia de Boyer y la urticaria que me da, en la vida cotidiana (o sea, en el sentido común cultural) suele ser así. Pero... si tu estado cotidiano es anormal y después de hacerte antropólogo ya estás totalmente convencido de que la medicina es más mitológica que las botas mágicas de Asdiwal, estarás conmigo en que una carta astral en condiciones no es menos plausible que un diagnóstico de Gripe Aviar, que o se pasa o se queda corto. A estas alturas tu terapeuta ya te habrá advertido de lo de tu hipocondria me imagino, o al contrario, de que tu negativa a ir al médico es otro ejemplo patológico de ontología intuitiva mal llevada... En todo caso, hazte una carta astral, total... Creer está feo y no creer no se explica.


  4. Llegados a este punto la cuestión ya no es la cultura de la creencia sino el objeto de la creencia. Cuando partimos del presupuesto de que la naturaleza de la creencia es un apaño evolutivo como el pulgar oponible o los ojos alineados al frente, considerar la cultura de la creencia nos sirve para entender porqué unas sociedades dan lugar a unos objetos culturales de creencia y no a otros, del mismo modo que unas sociedades dan lugar a unas tecnologías y no a otras a partir de las mismas habilidades físicas (la manipulación de objetos gracias al pulgar oponible y los ojos en la posición en que los tenemos nosotros pero no las vacas). De este modo, la cuestión no sería si crees o no crees sino en qué crees tú. Lo que me recuerda a la mítica conversación de Peakock sobre los espíritus en Indonesia... ¿Cómo que si creo en los espíritus? ¿que si creo en lo que los espíritus me dicen o qué? Según ésto "creencia" es un término únicamente válido para los objetos o relaciones en los que culturalmente se puede no creer. No creer, por tanto, no es una anomalía inexplicable, es la condición lógica (no ontológica) de la creencia. Y creer sigue estando feísimo porque la condición lógica no coincide de forma necesaria con la ontológica. O sea que ni la creencia ni en consecuencia la increencia guardan relación (necesaria) con la realidad. Y esa es su naturaleza y su cultura.

¿Que si creo dices? Interpreto los tránsitos de Júpiter por Piscis como interpretaría un texto o una partitura. Dicen algo. Sé lo que dicen. No sé si es verdad porque me he acostumbrado a no pensar en la verdad. ¿Cuál sería la verdad de una melodía? Encuentro el sentido a la astrología como puedo hallar la armonía en una canción. Tal vez no podría explicar en qué consiste la armonía como podría hacerlo con alguna cuestión antropológica, o incluso astrológica, pero puedo mostrar que la he captado si la cambio de manera que la música sea reconocible a pesar del cambio. ¿Creo en la armonía? La pregunta no tiene sentido. Sé que puedo "enmarcar" los símbolos de los planetas como enmarcaría conceptos en una teoría, cambios en un rostro al estilo del reconocimiento facial, o metáforas que no oí nunca antes en algún significado plausible que me permita entenderlas.  ¿Crees en las metáforas?


3 Comentarios:

28 de diciembre de 2009, 11:49 Anónimo dijo...

Muy buena reflexión, me he sentido muy identificada, con lo de la no creencia. Y no por la antropología, aunque reconozco el quasi-obligatorio escepticismo que se exige a los antropólogos y más cuando tienes una determinada tendencia ideológica, sino que mi no creencia se extiende a todos los campos, incuida la antropología. Joder y otro suicida se inmola en Pakistán en una ceremonia religiosa chií mientras les ponen medallas a soldados norteamericanos llegados de Irak al son del himno (in god we trust), pero...tampoco me convence verlo todo en clave de poder por qué?porque siento, asi que mi conclusion es que en lo único que puedo creer es en lo que siento. De hecho el otro dia observaba los objetos que hay en mi habitación y llegaba a la conclusión de que soy una fetichista.
P.D.: La astrología me mola un montón pero según el pronóstico los libras nos comemos los mocos en el 2010.

28 de diciembre de 2009, 11:52 Anónimo dijo...

P.D.D: Soy Ana, que se me ha escapado firmar.

30 de diciembre de 2009, 11:51 Mónica dijo...

Libra eh? Pues parece que este año hay ración de Saturno por ahí... El caso es que el fetichismo es otra misteriosa filia de los racionalistas aciagos... No sé de qué rama evolutiva será eso...

Publicar un comentario