Hoy me salto los temas habituales para sumarme al tributo a Aaron Swartz. Como cuenta Francis Villatoro en su blog (que es de lo mejorcito) La Ciencia de la Mula Francis:
Aaron Swartz se suicidó el pasado 11 de enero con 26 años de edad. Se enfrentaba a una condena máxima de 4 millones de dólares en multas y más de 50 años de prisión. El cargo más importante contra él era haber descargado cinco millones de ficheros pdf de artículos de JSTOR gracias a la red del MIT y haberlos publicado en abierto (el torrent de 35GB con los papers que Aaron publicó está disponible en la red).
Swartz era uno de tantos activistas del Open Access culpable de profanar el acceso a JSTOR. Dicho de forma breve y concisa, JSTOR y otras de sus hermanas como EBSCO, Quaestia y otras bases de datos por el estilo, son las señoras feudales de la literatura científica. Si quieres leer ciencia, tienes que pagar un pastizal en subscripciones o descargarte los artículos a 100 pavos la broma. Somos muchos los que no terminamos de entender cuál es la razón científica de restringir el acceso a estos materiales. Y somos más todavía los que no terminamos de entender la razón social para que el acceso sea tan extraordinariamente caro, especialmente teniendo en cuenta que los autores no cobramos un duro nunca y que en algunos casos (¡particularmente prestigiosos!) si quieres publicar tienes que pagar una media de 1000$ por artículo.
Es una vergüenza.
El principio de Fermi en versión antropotúrmica
Premisa de hoy:
Vivimos en un mundo en el que el secuestro intelectual y científico es la ley, y la difusión del conocimiento es para ricos (sean personas o instituciones).
El problema de la civilización (después de Tylor, claro):
Entre los 50 y los 60 del siglo XX se establecieron las bases contemporáneas de una cuestión que nos interesa mucho aquí: la existencia de civilizaciones extraterrestres. Tanto científicos como literatos (que en ocasiones eran las dos cosas) y también ufólogos se dedicaron a ello con cierto entusiasmo y gracias a ello hoy tenemos inventacos como el SETI (que busca señales de radio inteligentes por esas galaxias de Dios) y otros asuntos más majaderos. Uno de los jefazos del SETI, Frank Drake, se propuso calcular las probabilidades que tendríamos los terrícolas de establecer contacto con civilizaciones extraterrestres. Y resultó que ya en los sesenta el bueno de Frank dijo que ya podíamos contactar lo menos con diez. ¡Diez civilizaciones extraterrestres! Huntington todavía tiene calambres...
Estaban las noticias científicas con esas cosas cuando una mañana, Enrico Fermi y sus compinches de laboratorio, se comían un bocata y se partían la caja del Drake (esto no lo dice la historia oficial, pero como si lo dijera). Comentando el temazo y tal, vino a decir Fermi... "de qué vamos a contactar, a ver... si por muy avanzados que estén los extraterrestres nosotros estamos aquí de cualquier manera... y además... ¿dónde están, a ver, dónde están? ¿por qué no los hemos visto ya?" (vean la formulación elegante del problema según Wikipedia).
A diferencia de los entusiastas civilizacioneros del SETI, el pájaro de Fermi y sus compinches se dedicaban al desarrollo de la bomba atómica entre cigarro y cigarro. Así que no les debió de ser muy difícil llegar a la conclusión de lo que se conoce como el Principio de Fermi: las civilizaciones, humanas o no, se auto-extinguen llegado cierto nivel de desarrollo tecnológico. O sea, en plan Malthus Intergaláctico.
Como os podeis imaginar, esto no lo comparten ni los ufólogos ni todas las personas que conocemos que canalizan energías procedentes de otros planetas. Sin embargo, lo interesante del planteamiento es que las razones que explican la paradoja no son física, medicina, matemática o tecnología. Son Ciencia Social, y Ciencia de Cultura para más señas.
El negocio de la ciencia y la extinción de las civilizaciones:
Hace poco leía con asombro uno de los últimos libros de Michio Kaku (divulgador de asuntos cuánticos y de cuerdas) en el que dedica más de 500 páginas predecir el futuro de la tecnología ("La física del futuro"). No sé si Kaku es uno de esos fascistas ingenuos que abundan entre los naturalistas o simplemente es más tonto de lo que pensabamos, pero el caso es que en mitad de un mundo en el que el conocimiento científico está perfectamente secuestrado por las empresas de esto y lo otro, no se le ocurre otra majadería que decir que de aquí a unas décadas podremos reducir el envejecimiento radicalmente, corregir los errores genéticos, atravesar las paredes y pasar los fines de semana en otros planetas... Y eso ¿quién, chato? ¿los hutus o los tutsis?
Teniendo en cuenta que la malaria sigue campando a sus anchas, me parece que las probabilidades del Futuro Kaku son extraordinariamente exiguas. Y no porque el desarrollo de la Física no lo permita, sino porque el conocimiento científico y sus productos son un artículo de lujo. Porque la difusión abierta del conocimiento y sus productos está perseguida en todos los paises (no sólo en China). Y porque si algo sabía Fermi bien sabido es que una parte del desarrollo tecnológico se da en situaciones de guerra y violencia, de manera que cuanto mayor sea el nivel tecnológico de una civilización más alto es también su potencial destructivo y autodestructivo.
No obstante, si alguna posibilidad nos queda de pensar en un futuro mejor, no creo que se deba a la ciencia por sí sola, y desde luego no a la ciencia que criminaliza a quienes difunden el conocimiento. Si alguna posibilidad queda será la que depende de nuestro talento para crear sociedades más justas en las que el conocimiento se distribuye y se comparte.
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| Dejemos esto claro, todo funcionaba muy bien hasta que vuestros primos se volvieron presuntuosos. By Dan Piraro. |




















