Decía Geertz aquello de que los antropólogos no debían prestar oídos a los "ateos de aldea". Como "atea de aldea" esto me sentó siempre fatal, y desde que recuerdo he insistido por tierra, mar y aire en que el ateísmo es parte de la cultura religiosa, sí, sí, sí. Y ahora surge el tema.
El jueves por la noche me iba yo para casa afligida porque mis alumnos de Ritual y Creencia (que no son muy rituales ni muy creyentes) no fueron capaces de decir qué es un sacramento, ni una finalidad ritual explícita, ni de ponerse por un momento en el lugar del informante ritual, ni ná. Se me abrían las carnes, de verdad... Pero aquello no era nada comparado con la que ha liado la (presunta) profanación de la capilla del campus, que tuvo lugar el mismo día. Ahí ves a una procesión de anticlericales entusiastas desfilando en romería hasta la capilla de marras para cantarle a los santos unas coplillas blasfemas mientras al capellán se le arremangan los hábitos. ¡¡Viva el folclore!!

Habitualmente, las soflamas anticlericales de tipo mitinero me dan sueño. Porque a mi me gusta el folclore y el anticlericalismo ilustrado tiene un aire cripto-salvífico de Progreso y Civilización que me aburre mortalmente. Sin embargo, el episodio de la capilla se ha convertido claramente en un caso para Jorge Javier Vázquez, ese adalid del folclor televisivo. Debo confesar que cuando el Dr. Pritchard me hizo el informe preliminar de la profanación expresé aceleradamente mi disconformidad con la monomanía que tiene el personal de la Facultad de Ciencias Políticas con la iglesia, que es obsesión. No estoy conforme con ello porque, como digo, es soporifero, escasamente original, y sobretodo porque parece que creer está perseguido, coño... Pero ahora me retracto (excepto de lo último), e invoco al espíritu de Jorge Javier para que interceda.
Que ¿qué ha pasado? Pues que unas entraron en la capilla del campus, dijeron todo lo que les vino bien, se morrearon delante del altar, y se desvistieron lo que les pareció. Yo no estuve allí, pero recomiendo dos fuentes buenísimas y enemigas para hacernos una idea del pifostio.
Lo antropológicamente curioso del asunto se ha multiplicado. Por una parte son los términos, términos que hacía décadas que no se escuchaban en política, términos como profanación o sacrilegio, a los que, inesperadamente, el Imperio Laicista la Complutense ha reaccionado dándolos por válidos en el diálogo y entrando al trapo de discutir si sí o si no. Surprising, surprising. ¿Desde cuando que te llamen sacrílego es una criminalización? Otra cosa es que entrar en un templo por la fuerza sea un delito, pero claro, estas cosas las debería saber el activista ¿no?. Desde el punto de vista de la Cultura Religiosa del Sindios estos son síntomas claros de lo católicos que son los ateos en este país, virgen del amor hermoso...
No obstante, lo más delirante de todo ha sido el comunicado del Rector condenando los hechos. El Rector ve el "sacrilegio" y sube a "expediente informativo con objeto de delimitar posibles responsabilidades", y no contento con eso, tiene el santo valor de decir que la universidad respeta el pluralismo de las creencias religiosas, etc. etc. (o sea, corolario de exculpación habitual, yo no he sido, pio, pio...). Bueno, a la vista de la ocasión...
Excelentísimo Rector Magnífico:
Por la presente solicito que se constrya por fin una Stupa en el Campus de Somosaguas, campus pionero de la libertad de culto y defensor de la fe, a la que pienso retirarme a jurar en sánscrito entre clase y clase, y a la que espero que usted no deje entrar gente desnuda, porque quieras que no, despista un poco...
La pregunta estos días en el campus es ¿quién paga al capellán, Rector? También están abiertas las apuestas a que no entran en la mezquita. Como esto siga así, yo me vengo en chándal Hare Krishna a dar clase y lo flipais.